Este programa permite trabajar desde el aprendizaje motor orientado a tareas y actividades funcionales para realizar la transferencia a las actividades de la vida diaria, como la marcha, la resistencia cardiovascular, los ejercicios de fortalecimiento para la mejora de la movilidad perdida, el equilibrio y la capacidad funcional. Siguiendo a Arráez (1997) consideramos que las actividades físicas en personas con mayor discapacidad pueden paliar carencias físicas y fisiológicas, potenciar la seguridad en una misma y la autosuficiencia. El programa de actividad físico – deportiva debe estar siempre en consonancia con otras áreas profesionales como la fisioterapia, la medicina, la terapia ocupacional, la neuropsicología, etc. Por ello, debemos realizar las actividades físico – deportivas a través del trabajo transdisciplinar, para la consecución de unos objetivos comunes.